Diálogo de miradas…
El cielo había adquirido una extraña tonalidad violeta, y Sphondylius observaba el ambiente con detenimiento. Parecía estar pensativo, pero él no estaba pensando. No hacía más que estar parado allí.
Fue entonces cuando otro de los seres jovianos, pasó frente a él. Sphondylius lo miró, aún sin contemplar pensamiento alguno. La otra criatura le devolvió la mirada, y ambos quedáronse observando el uno al otro.
Los demás seres parecían no entender esta conducta tan extraña, y se arrimaron hacia ellos dos por un momento. Se habría formado una tremenda muchedumbre, de no ser porque los otros seres tenían otras tareas que ocupar.
Pasaron horas, días, semanas, y parecía que ambos se miraban evitando parpadear. Las otras criaturas les gritaban por ambos flancos. Gritaban cosas que Sphondylus y el otro se no parecían entender. Gritaban vivas y vociferaban reproches, sin embargo hablaban mayormente incoherencrias.
Ninguno de los dos se inmutó.
Pasó frente a ellos un guerrero, y les amenazó con matar a uno. Como ninguno se movió, el guerrero no lo hizo y desistió. Fue también un cobarde, les grito insultos como “feos” o “tontos”, ellos parecieron mirarlo, pero no fue así. Se presentó también un comerciante, y se mostró ante ellos un ladrón. Desfilaron sistemáticamente un pobre, también un rico. Un erudito y un ignorante. Un astro y un ignoto. Fue luego un anciano, y les habló de la filosofía de la percepción y del pensamiento. Sus palabras les rebotaron, y el viejo se alejó deprimido.
Luego fue un joven… un niño de unos 6 años que se sumó al grupo de los dos. Los miró, y ellos lo miraron. Sonrieron, y vivieron nuevamente, como despiertos de un largo sueño.